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  • Carla Pérez-Galicia

Deja de ser la víctima y comienza a ser feliz


¿Sabes qué pasa con tus demás cuerpos cuando desintoxicas el físico? El mental, energético, emocional y espiritual.

¿Crees que haya que hacer algo para purificarlos y alcanzar un bienestar duradero? Si no lo haces lo más probable es que vuelvas a tus hábitos de antes, como me sucedía a mí: Desde los 17 hasta los 24, ¡siete años de mi vida! Comía compulsivamente y hacía luego todas las dietas posibles sin estar feliz en mi propio cuerpo. A los 24 comencé a correr 8 km diarios, (incluidos domingos) y creí que esa sería la vía para tener el cuerpo que quería, pero no fue así. Al contrario, estaba muy fuerte, muy gorda y me podía comer tres platos de comida en una sola sentada.

A los 26 me casé por primera vez y me convertí en una perfeccionista del orden dentro de mi casa completamente blanca. Nadie podía entrar con zapatos, fumar adentro o cocinar cosas que ensuciaran la estufa. La gente dejó de venir a visitarme.

A pesar de que viajaba casi la mitad del año a los lugares más exóticos: Fiyi, Palau, Hawái, Isla del Coco, Mediterráneo, en los barcos más lujosos del planeta y no tenía que trabajar para vivir, había siempre una infelicidad interior que no me dejaba tener paz y que yo sin saberlo estaba buscando afuera. Ya no era suficiente estar en los lugares más hermosos y con el mejor esposo, (del cual soy muy amiga ahora).

Con respecto a lo que venía de afuera, lo único que seguía era el cielo, pero yo no podía verlo.

Comía mucho o me la pasaba haciendo dietas, hacía demasiado ejercicio, trabajando obsesivamente o consumida en mi depresión por no lograr embarazarme en 10 minutos.

Todo esto para evadir la verdadera raíz del problema: un enojo interno muy grande que no podía ver claramente, que no sabía de donde venía y mucho menos podía resolver por no tener las herramientas adecuadas.

A los 29 años termina mi matrimonio y comienza el verdadero viaje hacia adentro. Mi gran depresión por el divorcio me llevó a conocer a mis maestros chamanes mazatecos con los que compartí la magia los siguientes cuatro años de mi vida y de los que recibí los mejores regalos posibles. Con ellos sí llegué a tocar el cielo.

En esa época también llegaron el Yoga y la meditación a mi vida. Tenía dos trabajos: el primero me daba libertad financiera y todo el tiempo libre que necesitaba para realizar mi segundo trabajo: descubrir y explorar todas las técnicas ancestrales posibles para liberar mi cuerpo, mi mente, mi campo energético y mi espíritu de todas las ataduras, neurosis, peso, dolores viejos, dependencia a la comida, al trabajo y lo más importante: a mi propia necesidad de evadirme y sentirme víctima.

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