Buscar
  • Carla Pérez-Galicia

¿Construimos acuerdos de amor o de lealtad?


Crecimos creyendo que ser leales era nuestro deber y que se nos iba a amar por eso. E internalizamos esa creencia sin saber muy bien cuáles eran las letras chicas del contrato que firmábamos. Y como todo lo de adentro se materializa en el afuera, luego comenzamos a definir nuestra manera de relacionarnos con los demás con las mismas pautas.

Pero, ¿sabemos cuál es la diferencia entre hacer un acuerdo de amor y un acuerdo de lealtad con quienes amamos?

Personalmente no tengo la menor duda de que la lección más importante en la universidad de la conciencia y la evolución del ser humano es conocer verdaderamente el arte de amar, como bien señala Erich From. Pero, ¿por qué es tan complicado? ¿Qué es lo que se interpone en el camino?

Al contrario de un pacto de amor, un acuerdo de lealtad con un ser querido generalmente es unilateral, está construido desde un espacio de carencia y tiene como base nuestras creencias limitantes. Eso hace que, inevitablemente, amar a esa persona y permitirnos ser amados sea muy difícil.

Una creencia es la percepción de que algo que siento, me enseñaron o creo es la única verdad.

Desde que somos concebidos comenzamos a formar nuestro sistema de creencias y éstas se convierten en verdades absolutas dentro nuestro. Para defender esas verdades nuestro inconsciente hace acuerdos de lealtad con la gente que amamos porque creemos que es la forma correcta de amar y ser amados. Y, ¿qué crees? Son precisamente esos acuerdos los que nos impiden amar sanamente, amar por el placer de amar.

El verdadero amor no tiene expectativas, pero nosotros sí, y debido a nuestras creencias confundimos el amor con nuestra propia necesidad de reconocimiento.

Dicen por ahí que el amor verdadero da sin esperar recibir nada a cambio, pero siendo Coach de Vida encuentro que es algo muy complicado de poner en práctica. La mayoría de nosotros fuimos entrenados para pedir (consciente o inconscientemente) algo a cambio por lo que damos. Y en algún punto esta misma creencia nos aleja de la satisfacción que genera dar por el simple placer de dar.

El amor más incondicional que conozco es el de una mamá con su bebé recién nacido. La madre está ahí para cambiar los pañales y amamantarlo sin pedir nada a cambio. Pero en cuanto empieza a crecer y manifestarse como ser individual comienza a condicionar (consciente o inconscientemente) su amor.

“Te amo pero no hagas berrinche, te amo pero lávate los dientes, te amo pero cómete la sopa, te amo pero dime que me amas. La mayoría de nosotros fuimos entrenados para pedir algo a cambio por lo que damos." Y esto es algo que nos ha pasado a casi todas las mujeres que tuvimos la experiencia de ser madres. No por no amar a nuestros hijos, sino por no saber que cargábamos con creencias limitantes petrificadas.

Pero la relación madre-hijo es sólo un ejemplo más de miles. Toda relación humana de amor es un potencial campo de encuentro o desencuentro, de expansión o limitación, dependiendo de nuestras propias creencias.

Hace un par de semanas comencé con un dolor de ciática igualito al que ha tenido mi esposo durante el último mes. Mismo lugar, mismo lado. Es un hecho indiscutible que estamos conectados a un nivel profundo por el amor que nos une y que hacemos trabajo espiritual tanto individualmente como juntos, pero éste dolor puso en evidencia un acuerdo de lealtad que tenía con él que me estaba limitando literalmente quitándome la movilidad, la alineación y la capacidad de fluir. Qué más lealtad que eso, ¿verdad? Y fue recién cuando lo hice consciente que el dolor comenzó a disminuir.

¿Cuántas veces los acuerdos de lealtad que tenemos con nuestros ancestros limitan nuestra capacidad de amarlos y de amarnos a nosotros mismos? ¿Cuántas veces comemos cosas que sabemos que nos enferman por darle el gusto a las mujeres de nuestra familia que demuestran su amor a través de la comida?

A partir de ahí instalamos la creencia subconsciente de que comer lo que me ofrecen es la forma correcta de ser amados, sin importar el precio que nos cuesta.

¿Cuántas veces comprometemos nuestra propia fertilidad por evitar el sufrimiento de nuestra madre que tuvo que criar a sus hijos sola? ¿Cuántas veces apagamos nuestro propio brillo y nos disminuimos para que las personas que amamos no se sientan incómodas a nuestro alrededor y así nos sigan amando?

Gracias a nuestras propias creencias limitantes damos mucho más de lo que nos es cómodo dar.

Damos demasiado aún en detrimento de nosotros mismos y es ahí cuando comenzamos a pasar factura por nuestro amor. Lo peor es que aun cuando en éste escenario todos perdemos, el ciclo se convierte en una bola de nieve que nadie sabe cómo parar.

Por lo que son nuestras creencias las que nos impiden poner límites sanos para poder dar menos y así amar mucho mejor.

Es difícil romper los acuerdos de lealtad porque como su nombre lo dice, nos sentimos desleales al hacerlo, nos sentimos culpables, creemos que no nos van a amar más y preferimos sacrificarnos a nosotros mismos antes de sacrificar a los otros. De esa manera seguimos sosteniendo acuerdos unilaterales y arbitrarios que, la mayoría de las veces, ni siquiera son los mismos que nuestros seres amados tienen con nosotros.

Lo paradójico es que, al final, el único sacrificio real es el amor. Lo hacemos en nombre del amor y el precio que pagamos por ello es la posibilidad misma de amar y ser amados de verdad. Interesante, ¿no?

Reconocer los acuerdos de lealtad que tenemos consciente o inconscientemente con la gente que amamos es lo que nos libera para poder amarlos mejor y disfrutar que nos amen a su manera. Para poder recibir su amor de forma sana, sin expectativas y así poder nutrirnos todos.

¿La mejor herramienta para lograrlo? Cuestionar nuestras creencias, abrir el corazón y poner la mente a su servicio.

¡A amar se ha dicho!

#amor #lealtad #amar #felicidad

0 vistas

Derechos reservados  2020   - Holistic Nutrition Coaching - Carla Pérez-Galicia - Lo que Comen las DiosasTM

  • Grey Facebook Icon
  • Instagram - Gris Círculo