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  • Carla Pérez-Galicia

Entiende tus emociones e impúlsate con ellas


¿Te ha sucedido que pasas en un instante, de un estado de placer y amor a uno de enojo que te cuesta mucho controlar?

Quizá estás jugando con tus hijos cuando de repente el cansancio del día te lleva en 5 minutos a transformar un momento feliz en un momento de desesperación y enojo. Paras el juego, los mandas a la cama con gritos y sombrerazos para poder tener paz y acto seguido te sientes súper culpable por haberlos regañado así.

La mayoría de las veces no son nuestros hijos los que generan en nosotros las emociones intensas, pero sí son ellos los que están cerca cuando se nos salen de control. Lo más probable es que sacaste un enojo acumulado que tú estabas cargando y que muy pocas veces tenía que ver con ellos directamente, pero ellos terminan pagando el plato roto y tú con cada vez con más culpa.

Creo que muy pocas mamás podemos decir que no hemos pasado por esta experiencia.

¿Por qué es que nuestras emociones se expresan a veces con tanta inestabilidad y tenemos tan poco control sobre ellas? Porque es precisamente la creencia de que las podemos controlar lo que las activa y alimenta.

Desde pequeñas nos han dicho que existen emociones “positivas” y emociones “negativas” y en nuestra mente está instalada la creencia de que las positivas son buenas y las negativas malas. No tengas miedo, no te enojes, no te preocupes.

Nuestra mente aprende a condicionarse para pelear con las negativas, para esconderlas o para resistirlas y negarlas desde muy temprana edad.

Las emociones tienen una vibración electromagnética que se mide en Mega Hertz. Son pura energía que puede ser usada para transformar y crear o para destruir y lastimar. No se trata de bloquearlas o negarlas, sino de saber utilizarlas como un combustible maravilloso que nos ayude a seguir construyendo, a seguir creando.

Existen emociones de altísima vibración como la gratitud, la paz y el amor. Otras de aún alta vibración como el enojo y el odio y algunas de muy baja vibración electromagnética.

Evidentemente las emociones que nos dan paz tienen la mayor vibración, pero hay otras que no nos dan tanta paz y siguen teniendo una vibración muy alta como el odio (150mhz) o el miedo (100mhz)

En esas emociones “negativas” está contenida la suficiente energía contraída, como para movernos e impulsarnos, pero en lugar de transformarlas en nutrientes y utilizar esa energía a nuestro favor, las ignoramos y las negamos pretendiendo ser mujeres perfectas, (cuando sabemos que no lo somos), o aún peor, peleamos con ellas para bloquearlas y las cubrimos con culpa o vergüenza para bajarles la vibración.

Cuando usamos la culpa y la vergüenza para que otras emociones de mayor vibración no se manifiesten, tenemos la ilusión de que las estamos “controlando” y lo único que estamos haciendo es construir una bomba de tiempo.

Desde chiquitas nos han enseñado que sentir nuestras emociones es malo. Lo que es malo no es sentirlas sino expresarlas sin conciencia y con una intención poco clara.

La culpa y la vergüenza son las emociones que más baja vibración tienen, lo que significa que no tienen la fuerza para impulsarnos hacia ningún lado, no tienen la fuerza para movernos y mucho menos para apoyarnos a tomar responsabilidad de nosotras mismas. Por eso nos escudamos en ellas y muy frecuentemente son las que bloquean el miedo o el enojo para que no podamos usarlos como impulsores.

Lo que sí tenemos claro, es que tomar responsabilidad de nuestras emociones para transformarlas es complicado. Dejar de ser niñas chiquitas berrinchudas para convertirnos en diosas luminosas es la vía.

Una diosa no es una mujer perfecta, pero si es una mujer honesta que asume las consecuencias de tomar responsabilidad y sabe que ella es la que crea su propia realidad. Que es a través de su luz como mejor puede apoyar a los que la rodean.

Una diosa se equivoca, pero no se disminuye para que otros no se sientan incómodos a su alrededor. Una diosa estudia el arte de la fluidez para abrazar sus emociones y transformarlas.

Cuando tomamos conciencia del gran poder que hay en nuestro campo electromagnético para crear realidad, nos volvemos magas, hacemos alquimia y logramos transformar las emociones que nos envenenan en otras que nos llenan de poder:

  •  El miedo en sensibilidad para crear.

  •  El enojo en poder para manifestar.

  •  La envidia en orgullo para seguir.

Descarta la culpa y la vergüenza en cuanto se manifiesten porque no te llevan a ningún lado.

Observa cuál es la emoción que está detrás de ellas y deja que se manifieste; siente la emoción en tu cuerpo físico sin drama ni juicio y céntrate solo en la sensación física, abrazando la emoción y respirándola hasta que se transforme.

Existen muchas herramientas ancestrales para aprender a usar las emociones como energía de transformación. El Chi kung, el Tai chi chuan, las técnicas de respiración y meditación, el yoga y el reconocimiento de tu propia energía femenina.

#emociones #feliz #felicidad #amor

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